No todo es champagne

11 01 2011

La opulenta y glamurosa atmósfera que envuelve al mundo de la Fórmula 1 nos hace olvidar en ocasiones la realidad que viven los pilotos de este deporte que, si bien es cierto que no puede comparar su dureza con otros como el ciclismo o el atletismo de fondo (por citar algunas de las prácticas deportivas que llevan al ser humano a sus límites físicos), sí que conlleva un esfuerzo descomunal, alejándolo de la idea que ser algo ni mucho menos sencillo y accesible para cualquiera que trate de practicarlo.

Para dirigir un monoplaza a 300 Km/h no basta con tener el carnet B1 y algo de destreza al volante. La temperatura dentro del coche puede alcanzar en algunos circuitos hasta 60 grados, algo inaguantable hasta para el más curtido sevillano en horas de siesta veraniegas. Con estas condiciones infernales los pilotos llegan a perder hasta 4 litros durante las carreras, lo que les lleva en numerosos momentos a situarse en el borde del precipicio hacia la deshidratación. ¡Y sin una barra de bar a mano para pedir una cañita fresca! Los músculos pierden hasta un 10% de su dureza  y los reflejos se ven sensiblemente mermados. Y si hay algo imprescindible para volar sobre el asfalto son ambas cosas: resistencia máxima y reflejos ágiles.

Otro de los principales enemigos con los que que tienen convivir son las fuerzas G y que a velocidades de 300 km/h pueden alcanzar el valor de 5 G, equivalente a soportar un empuje de 30o kilos aproximadamente que deben aguantar con los músculos del cuello y de la espalda. A muchos llama la atención el robusto cuello de Alonso y la realidad es que aunque no sea muy estético, no le viene mal para aguantar el tirón del pilotaje. Estas fuerzas llegan a su extremo en algunos accidentes como el que sufrió Kubica en el GP de Canadá en 2007, donde experimentó un pico de 75 G durante un milisengundo.  Comparándolo con el mundo real, un coche de calle en una frenada de emergencia produce alrededor de 1G y al detectar los 3 G saltan los airbags. Otro ejemplo para hacerse una idea: en la montaña rusa “Dragon Khan” de Port Aventura se experimentan 3, 75 G.  

¿Y qué decir de la patata? Pues hablamos de que hay momentos en que el corazón del piloto llega a las 200 – 210 pulsaciones, con muchos minutos durante la carrera con una cadencia media de 180 latidos, algo que requiere de una forma física más que óptima.  El que fuera el doctor del equipo Toyota, Ricardo Ceccarelli, aclaraba en 2009: “Una persona normal no podría dar más de dos o tres vueltas a un circuito de la F1″.

Visto lo visto, yo desde luego no pienso ni por asomo aventurarme a pilotar. Seguiremos disfrutando desde el sofá pero sin olvidar que tras los contratos millonarios y los lujos hay un sacrificio enorme por parte de aquellos que viven por y para la velocidad. Definitivamente, no todo es champagne.

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One response

13 01 2011
Ronchy

Muy buen post, a menudo pensamos que pilotar un f1 es fácil y divertido y para nada. Esta gente es de otro mundo

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